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viernes, 1 de marzo de 2013

Del diseño a la edición


 “Los libros no se han hecho para servir de adorno: sin embargo, nada hay que embellezca tanto como ellos en el interior del hogar”.
Harriet Beecher Stowe


Tener un bonito libro en las manos es un placer, disfrutar de imágenes atractivas es un deleite, compartir tu pasión por la belleza es un gran goce, comprobar que otros disfruten con esto, es una verdadera delicia. Con este enfoque, pienso que todo el esfuerzo invertido para editar el primer “pocket book” de mi firma ha valido la pena.

Con la idea de compartir lo que hago y comunicar mi visión del interiorismo comencé a gestar, hace casi un año, la edición de un pequeño libro.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Cuando diseño siempre pienso en el resultado espacial del concepto; visualizo cómo quiero que se vea y se perciba cada sitio, cada rincón del lugar. Cuando fotografío el espacio lo veo desde un solo ángulo; la percepción es distinta, hay que cuidar el encuadre para que se pueda apreciar la idea del diseño.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Suelo ser muy obsesiva al diseñar. Igualmente, al momento de hacer una foto, me gusta cuidar todos los detalles, tener la colocación correcta de cada objeto para que se vea bien desde cualquier parte, especialmente desde donde se captará la imagen.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Me parece que las fotografías del diseño son muy importantes para exponer las propuestas de interiorismo que se tienen. Mi idea de documentar el trabajo es poderlo compartir y mostrarlo a los demás.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Lo primero que consideré, para recopilar en un libro parte de mi trabajo de diseño, fue desarrollar un concepto de cómo seria el libro, después decidí el tema y la forma de agrupar las imágenes, escribí los textos, durante un período largo se tomaron todas las fotografías que se incluirían en la edición, seleccioné las mejores, se concretaron las medidas y, finalmente, se conjugó todo para mandarlo a imprimir.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Suena relativamente sencillo y se podría decir que lo es. Sin embargo, hacerlo bien y con calidad en todos los aspectos incluye muchas más horas de las que uno se imaginaría.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

La ventaja es que, a pesar de ser un trabajo que requiere mucho tiempo y dedicación, es un proyecto verdaderamente apasionante; es un gran reto creativo llegar a un buen producto final y todo el proceso es emocionante y disfrutable a pesar de los contratiempos.
Decidir el tema y título fue esencial para armar todo el concepto; se realizaron varias reuniones de trabajo para definir esto. Finalmente, llegamos al título: “12matices” que me gustó mucho. Concluimos agrupar todas las imágenes por tonos con base en cada matiz que elegimos: lavanda, marino, turquesa, agave, limón, girasol, mandarina, granada, buganvilia, coco, piedra y obsidiana.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Para cada matiz planeé una portada para la cual  seleccioné una fotografía relacionada con el nombre y luego escribí un texto introductorio en cada capitulo.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Recuerdo la primera vez que reuní a mi equipo para comentar sobre los textos. No olvidaré la cara de sorpresa de todos; sin embargo, siempre agradeceré la seriedad con que tomaron mis ideas y las complementaron con las suyas. De estas reuniones en verdad que salgo motivada, pues compartir mi pasión con más diseñadores que se apasionan igual o tanto como yo es sumamente enriquecedor.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Cuando tuvimos el tema definido empezamos con el diseño editorial. Era momento de definir otra cuestión interesante: el tamaño del libro. Después de muchas discusiones y análisis optamos por hacer un “pocket” y lo realizamos de formato cuadrado, de 11 cm por 11 cm. El ancho cambió en el transcurso de la elaboración; iniciamos con la idea de hacer 200 o 300 páginas y acabamos haciéndolo de 500. Definitivamente tenía que ser más gordo.
El contenido del libro es lo más importante. La selección de las imágenes fue un trabajo que me llevó horas y horas de dedicación, no sólo por las decisiones de cuáles fotos elegir, sino porque se requirieron tomar muchas fotos específicamente para esta edición, trabajo que disfruté enormemente.

"12 matices" por Mariangel Coghlan

Siempre me ha encantado plasmar imágenes de lugares que me gustan, que me inspiran, que disfruto al estar en un momento especifico con una luz determinada. Cuando tomo una foto siento que me robo ese instante preciso y queda conmigo para la posteridad.
Pienso que con buenas imágenes se puede mostrar de una  forma más contundente no solamente mis diseños, sino también parte de donde proviene mi inspiración. Me parece que esto es lo que le da riqueza visual a este pequeño libro.
"12 matices" por Mariangel Coghlan

Las largas horas de diseño editorial me hicieron analizar más cuidadosamente lo que he diseñado, la paleta de color que utilizo, el concepto que he tenido en cada proyecto, la elección de materiales y el diseño de mobiliario. A veces pensamos que nuestro trabajo es extraordinario, sin embargo, cuando lo analizamos con detenimiento, descubrimos que aún podría ser mejor. Este ejercicio editorial me pareció muy enriquecedor, pues me obliga a cuidar más cada detalle en todo el proceso del diseño.

"12 matices" por Mariangel Coghlan
"12 matices" por Mariangel Coghlan

Después de revisar el diseño editorial una y otra vez, y de depurar cada página cuidadosamente, llegamos finalmente a las pruebas de color antes de imprimirlo. Ese momento en que vez plasmado en papel todo el trabajo es emocionante. Por supuesto, seguimos con las correcciones últimas para finalmente mandarlo a imprimir.
Posteriormente viene el tiempo de espera ilusionada hasta tener el pequeño libro en tus manos, pero cuando por fin lo tienes, lo tocas, lo abres y vas pasando cada página, la sensación y la emoción es indescriptible; es un pequeño parto que se concibió hace más de nueve meses…

"12 matices" por Mariangel Coghlan
"12 matices" por Mariangel Coghlan

Sería muy injusto si no agradezco al maravilloso equipo que recorrió todo este interesante camino conmigo. Quiero hacer una mención muy especial a Jéssica, quien me tuvo toda la paciencia para cambiar muchísimas veces cada página hasta que quedará de mi agrado; aguanto mis reuniones en días feriados, las juntas a media noche o de madrugada, y siempre de buen humor. Muchas gracias a Angie que revisó pacientemente conmigo cada detalle y me presionó a repetir algunas fotos a las que les hacía falta calidad, a Sandra que leyó y releyó cada texto aportando ideas sumamente interesantes, y a todos los diseñadores de mi firma; todos ellos, de una u otra forma, aportaron algo a “12 matices”.

Por último, y no por eso menos importante, a mi queridísimo esposo que siempre me ha apoyado en todas mis locuras y me ha alentado a dar lo mejor de mí.

"12 matices" por Mariangel Coghlan
Por supuesto, ya estamos preparando el siguiente “pocket book” que saldrá a finales de este año. Ya tenemos el tema y los capítulos, y estamos trabajando con mucha ilusión para tener la segunda publicación de esta colección que pretendemos crecer a un ritmo de un libro por año.

"12 matices" por Mariangel Coghlan


¡Hasta la próxima!


viernes, 25 de enero de 2013

Templo de Santo Domingo de Oaxaca

Por Mariangel Coghlan

La arquitectura proveniente del viejo continente en combinación con las manos de los constructores y artesanos mexicanos durante le época virreinal tuvo como resultado, entre muchos otros, la construcción de maravillosos templos de una calidad y características únicas en el mundo; de entre todas las obras de este periodo sobresale como el rey de los conventos, por su majestuosidad y belleza, Santo Domingo de Guzmán de Oaxaca.

Por Mariangel Coghlan

Para llegar a este templo desde la plaza central de la ciudad de Oaxaca se recorre, por poco menos de medio kilómetro, la calle de Macedonio Alcalá (en memoria del compositor del vals “Dios nunca muere”), conocida simplemente como “el corredor”. Esta hermosa avenida, cerrada a la circulación de automóviles, está rodeada de acogedores cafecitos y restaurantes de comida típica donde se ofrecen chapulines, tlayudas, tamales, quesillo, moles diversos, mezcal, y toda la deliciosa variedad de la comida local. Igualmente, a lo largo de este recorrido se pueden encontrar una enorme variedad de tiendas con alebrijes, alfarería de barro negro, textiles multicolores, huipiles y vestidos de tehuana, entre muchos otros artículos propios del estado; y, por si esto no fuera suficiente, en el mismo tramo de Macedonio Alcalá se encuentran un importante número de galerías donde uno puede apreciar o, si te alcanza, comprar cuadros de Francisco Toledo, Rodolfo Morales y, en ocasiones, hasta de Rufino Tamayo.

Por Mariangel Coghlan

Por Mariangel Coghlan
Al final de este inigualable paseo que te introduce a la cultura, tradición, magia e imaginación del hermoso estado de Oaxaca se encuentra la plaza que habita el Convento de Santo Domingo. Esta plaza, adornada por múltiples agaves, es comúnmente utilizada como escenario de diversas expresiones folklóricas y populares de los pueblos indígenas de la zona.

Por Mariangel Coghlan

Por Mariangel Coghlan

Todo comenzó entre 1528 y 1529, cuando los primeros frailes predicadores de la Orden de Santo Domingo —fundada en 1216 por Santo Domingo de Guzmán— arribaron a estas tierras mixtecas y zapotecas. Estos misioneros, que tenían como encomienda la evangelización de esta zona del mundo, aprendieron los idiomas locales y se preocuparon afanosamente por conservar el espíritu y las tradiciones de estas comunidades, y mantuvieron la identidad étnica de los pueblos de Oaxaca. Fue en 1575 cuando se iniciaron las obras del templo de Santo Domingo tomando como ejemplo de planta arquitectónica el convento de San Esteban en Salamanca, España. Los frailes lo habitaron, sin estar terminada la obra, en 1608, puesto que su antigua morada, el templo de San Pablo, había sido derruido por los terremotos que azotaron Oaxaca a principios del siglo XVII, y las obras principales fueron terminadas hasta 1629. 
 
Por Mariangel Coghlan
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El 11 de agosto de 1859, como resultado de las leyes promovidas por Benito Juárez (Ley de Nacionalización de los Bienes Eclesiásticos de 1859, entre otras), los frailes dominicos fueron expulsados de su propio templo, el culto religioso fue suspendido por el Gobierno Federal, la nave principal fue utilizado como bodega por el ejercito mexicano, los retablos fueron destruidos, y el espacio en general fue maltratado para sustraer el oro de todos los objetos posibles y la madera de las bancas fue utilizado para leña, hasta que nuevamente pasó a manos de la Iglesia en 1902, bajo el mandato del presidente Porfirio Díaz. En 1976 se realizó la última restauración del templo y del exconvento y, en 1979, el papa Juan Pablo II visitó el recinto y celebró una Misa donde encomendó especialmente a los enfermos.  

Por Mariangel Coghlan

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Por Mariangel Coghlan

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La fachada, de formas renacentistas y sutiles manifestaciones del barroco, cumple con la tradición eclesiástica de mirar hacia el poniente, y está dividida en tres cuerpos horizontales y un remate. Los tres cuerpos, o secciones de la fachada, están enmarcadas por dos columnas adosadas (adheridas al muro) de cada lado. La parte central del segundo cuerpo enmarca a Santo Domingo de Guzmán y a San Hipólito Mártir —Patrono de la Provincia de Oaxaca—, quienes sostienen en sus hombros a la iglesia coronada por el Espíritu Santo. El remate de la fachada presenta a las tres virtudes teologales: la Caridad en el centro y, a sus lados, la Fe y la Esperanza.

Por Mariangel Coghlan


Los dos campanarios que enmarcan toda la fachada llaman la atención por su poca altura respecto al cuerpo principal; las razones de esta relativamente baja altura pueden ser las de servir de contrafuertes que proporcionan mayor solidez a la construcción, sobre todo considerando que se trata de una zona telúrica de alto riesgo arquitectónico. Al lado izquierdo de esta monumental fachada se encuentra el acceso al exconvento que actualmente recibe el nombre de Museo Regional de Oaxaca y que, por lo extenso de sus tesoros y dimensiones, sería tema de muchas colaboraciones más. Por lo pronto, nos adentramos a la nave principal del templo.

Por Mariangel Coghlan


Una vez que se cruza la puerta principal —enmarcada en un arco de medio punto (media circunferencia)—, lo primero que capta toda la atención es la riquísima bóveda que sostiene el coro y comprende el árbol genealógico de la familia de Santo Domingo: el colorido y las formas creadas con estuco (mezcla de yeso y polvo de mármol) de este espacio acusan la marcada influencia de los artesanos indígenas locales.  

Por Mariangel Coghlan


El interior está dispuesto de una sola nave, con forma de cruz latina, y rodeada de 10 capillas laterales intercomunicadas. La enorme bóveda mayor, ricamente decorada con círculos, óvalos y medallones con innumerables personajes bíblicos, presenta un intrincada red de entrelazos dorados que ofrecen la expresión del barroco más excelso que se puede encontrar en México. La Capilla del Rosario, al lado derecho de la nave principal, y construida hasta principios del siglo XVIII, se familiariza en belleza con la Capilla del Rosario de Puebla.  
 

Por Mariangel Coghlan

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En el patio trasero, originalmente la huerta, se encuentra en la actualidad el Jardín Botánico de Oaxaca, el cual presenta una variedad muy amplia de especies vegetales de la zona. El acceso a este jardín es por la parte trasera de todo el conjunto dominico.

Por Mariangel Coghlan

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Por Mariangel Coghlan

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La estética de todo el conjunto es realmente hermosa, el tratamiento de los espacios interiores y los materiales utilizados nos ayudan a disfrutar de cada espacio creado. Recorriendo este maravilloso lugar se aprende verdaderamente de diseño, es un paseo que no se deben perder.

Por Mariangel Coghlan

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Al aproximarse la noche, cuando la luz del sol está a punto de ocultarse y acaricia la fachada principal del templo, de color castaño claro con acentos verdes, el espectáculo visual no es mas que de una tranquilidad cromática y volumétrica que, por momentos, desde la perspectiva del andador Macedonio Alcalá, uno se siente transportado a las complejidades de un mundo barroco donde lo arquitectónico y religioso se conjugan profundamente para crear una joya que deslumbra sobre cualquier otra obra material de la Nueva España e, inclusive, del viejo mundo.

Por Mariangel Coghlan

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¡Hasta la próxima!