jueves, 6 de diciembre de 2012

La Rana Plateresca de la Universidad de Salamanca

La Universidad de Salamanca (España), fundada en el año de 1218 por Alfonso IX, es la universidad más antigua de la península ibérica. Pocos años después Alfonso X el Sabio —a quien se le adjudica, entre muchas otras cosas, la invención del ajedrez—, suministró a esa institución de normativas de organización y dotaciones financieras, y consolidó once cátedras con disciplinas de Derecho Canónico y Civil, Medicina, Lógica-Filosofía, Gramática y Música. En la misma época la autoridad pontificia le confirió sello propio, lo que implicó el reconocimiento de la Santa Sede, y se le concedió validez universal a los grados otorgados por Salamanca, excepto en las universidades de París y Bolonia, restricción que fue abolida posteriormente. 

Por Mariangel Coghlan

En un inicio las clases eran impartidas en dependencias catedralicias o en otros locales dispersos. Los exámenes de titulación se realizaban en la catedral vieja de Salamanca, en la capilla de Santa Bárbara, donde el aspirante era “encerrado” durante las 24 horas previas al examen para preparar los temas sobre los que sería cuestionado. 

Por Mariangel Coghlan

Los siglos XVI y XVII vivieron el florecimiento de la Universidad de Salamanca que, incorporada al movimiento humanista, estuvo a la vanguardia del pensamiento europeo; entre sus estudiantes y profesores se encontraron algunas de las mentes más brillantes de esos tiempos: Pedro Calderón de la Barca, Fray Luis de León, Luis de Góngora, San Juan de la Cruz, Juan Ruiz de Alarcón, San Ignacio de Loyola y Hernán Cortés, entre muchos.
 
San Ignacio de Loyola

Distintas circunstancias de guerras y falta de fondos económicos hicieron que la Universidad de Salamanca decayera en calidad y matrícula a mediados del siglo XIX, hasta que en los años precedentes a la guerra civil española, gracias al impulso del poeta y filósofo Miguel de Unamuno, quien fuera rector durante tres períodos, fue cuando la universidad comenzó a adquirir nuevamente su prestigio y grandeza de antaño.
 
Miguel de Unamuno

La estructura jurídica y curricular que esta institución ofreció en los siglos XVI y XVII a la Nueva España; sus célebres estudiantes, con sus aportaciones de carácter universal y de influencia significativa desde los tiempos de la colonia hasta los días actuales; la acogida de un alto número de estudiantes del nuevo continente en sus aulas, en las que se formaron muchos importantes estadistas de países de habla hispana en el siglo XX, colocan a la Universidad de Salamanca en un lugar de proyección cultural y académica inigualable para Latinoamérica.

Por Mariangel Coghlan

Una rápida visita a la emblemática fachada de esta universidad, situada en un patio tipo claustral, es suficiente para verificar que en el ámbito de la arquitectura esta institución también ha aportado mucho al mundo. Esta fachada, terminada en 1529, es cumbre del plateresco hispánico, el cual se define como una corriente arquitectónica, propia de España, que se inició entre el gótico y el renacimiento —extendiéndose durante los dos siglos siguientes—, y se caracteriza por sus elementos mudéjares y góticos flamígero, con columnas renacentistas y una abundante decoración con elementos vegetales, candelabros, festones y criaturas fantásticas. 

Por Mariangel Coghlan

Esta fachada está compuesta de tres cuerpos o frisos —arriba de las dos puertas centrales—. El primer cuerpo está dominado, entre un exuberante decorado de figuras decorativas, por un medallón con las efigies de los Reyes Católicos; en el segundo cuerpo sobresale el escudo de Carlos I de España y V de Alemania; y en el tercer cuerpo el Papa Martín V dirigiéndose a cardenales y prelados. Todos estos componentes están flanqueados por dos columnas de rica decoración.

Por Mariangel Coghlan
  
En la columna derecha, debajo de la cornisa (moldura ornamental en voladizo que recorre la parte alta de un muro, arco o columna) que divide a los frisos primero y segundo, se encuentran esculpidos tres cráneos. Sobre el cráneo del lado izquierdo posa una pequeña rana. Ignorando la riqueza arquitectónica de esta fachada, la rana suele ser el “centro” de interés de los turistas de cámara en pecho, bermudas, lentes de sol, gorra y dieta McDonald’s (con esto no aludo a una ninguna nacionalidad particular). 

Por Mariangel Coghlan



Si bien es cierto que el anfibio de piedra posando sobre la calavera puede representar los vicios de la lujuria, de acuerdo a los guías de turistas charlatanes este símbolo encarna todo el mal humano imaginable: los siete pecados capitales, la desobediencia en el paraíso, las blasfemias, la negación de los diez mandamientos, las guerras y las hambrunas… O, por el contrario, para otros guías falsos significa el compendio de toda la doctrina cristiana, la representación completa de la teología moral y la sabiduría de todo el medioevo. Los mismos guías explican que la escultura que el personaje que confronta la fachada, Fray Luis de León (siglo XVI), es el fundador de la universidad, ¡fundada tres siglos antes!

Por Mariangel Coghlan

Ciertamente, encontrar a la rana no es fácil, pues queda camuflada en toda esta fachada de cantera rosa salmantina, de tal manera que los guardias de la Secretaría General de la Universidad de Salamanca (el edificio vecino) se vuelven sabios indispensables: ellos saben dónde se encuentra la rana. Cuando un “buscador de rana”, de los que traen colgadas tres cámaras fotográficas y una de vídeo pregunta: “¿lana?, ¿lana?” Con aire mesiánico los guardias levantan su dedo índice e indican: “tranquilos, tranquilos… ¡ahí está, miradla!” El éxito no se observa cuando el guardia es abordado por un interesado que le pregunta: “excuse me, where’s the frog?” 

Por Mariangel Coghlan

Pero nadie le gana a la imaginación de los niños cuando, buscando a la rana, gritan emocionados por haber encontrado no una, o dos, o cinco, sino diez ranas… en una ocasión un niño aseguraba que olía a la rana. Y no falta el papá sínico que afirma: “aquí no hay ninguna rana”.

Los tres craneos

Los guías y los guardias comúnmente tienen que afrontar a la señora impaciente que grita: “¡dígame!, ¿dónde está la rana?”, o al  señor malhumorado que, ante la explicación de todos los atributos de este símbolo, comenta: “¿de qué está hablando, qué le pasa jovencito?” 

La rana de la Universidad de Salamanca

También recorren esa fachada muchos adolescente que, inevitablemente viajando con sus padres, no miran mas que al piso y no se enteran de la rana, ni del edificio, ni de la universidad, ni de Salamanca… en el mejor de los casos, sólo llegan a chatear con sus amigos.

Por JotaCobosGarabatos

Qué suerte los que no saben que hay una rana, en verdad disfrutan de esta maravilla arquitectónica que a la hora de la puesta del sol, cuando recibe la luz de frente, ofrece un espectáculo maravilloso; testigo mudo de siglos de historia, tradición y cultura de Salamanca al mundo.

Por Mariangel Coghlan


¡Hasta la próxima!

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