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martes, 17 de septiembre de 2013

¿Por qué Interiorismo?


Ves cosas y dices, "¿por qué?" Pero yo sueño cosas que nunca fueron y digo, "¿por qué no?"



He tenido muchos y grandes sueños. Algunos se han quedado en el camino, otros me he esforzado hasta alcanzarlos y hacerlos realidad, algunos más están a la espera de ser cumplidos… sigo y seguiré soñando.



Me considero interiorista de vocación, de profesión y de acción; vivir reinventando espacios es un sueño cumplido. Hacer interiorismo para mí es una verdadera ilusión y una gran satisfacción. Soy muy afortunada por dedicarme laboralmente a hacer algo que me fascina.


¿Por qué interiorismo?, ¿por qué estoy tan orgullosa de esta disciplina?, ¿por qué me apasiona tanto? Desde mi infancia soñaba con transformar espacios, con embellecer la colonia, me visualizaba mejorando mi alrededor y viviendo en una ciudad más limpia, bien diseñada, mejor planeada. Esa ilusión de hacer más bello mi entorno se ha vuelto realidad al ejercer la profesión de interiorista que tanto me enorgullece.

Aunque sé bien que al hacer interiorismo mejoro los espacios que habitamos y no todo el contexto de una ciudad, soy consciente de la aportación que es para las personas que viven en espacios bien diseñados. He podido comprobar, a lo largo de los años, cómo mejora la calidad de vida cuando se tiene la oportunidad de estar en ambientes bien diseñados, con  concepto, y que ayudan a disfrutar mucho más cada momento.


Me gusta ser interiorista porque es una profesión en la que creamos espacios que conforman encuentros de vidas que permiten profundizar en el conocimiento de las personas con las que interactuamos. Es una vocación que me da la oportunidad de ayudar, contribuir con la sociedad y hacer de este mundo un lugar mejor.


Para mí realizar interiorismo desarrollando y diseñando cada área de una casa es un reto constante, me exige dar lo mejor de mi y ampliar permanentemente mi creatividad; comprobar que es posible reinventar espacios realizando un buen diseño y mejorando un hogar, es una de las mayores recompensas que me otorga esta profesión. 


Las actividades de los seres humanos implican tal multiplicidad de comportamientos, comunicaciones y acciones, que se presenta imposible establecer una jerarquía completa y final sobre lo que comprende la esencia de aquello que llamamos trabajo. 


Sin embargo, es relativamente fácil encontrar constantes que, inevitablemente, determinan nuestro actuar diario. Entre muchas situaciones, una de ineludible influencia en nuestra vida es la del ámbito físico que nos rodea, dentro del cual es fundamental el espacio que llamamos hogar. Es de esta manera que podemos ponderar la importancia del interiorismo en nuestras vidas.


Desde los primeros vestigios en cuevas, el iglú de los esquimales, los palafitos sobre el agua, las rucas de los mapuches de Chile y Argentina, el tipi de los pueblos indígenas de Estados Unidos de América, la yurta de los nómadas en las estepas de Asia Central; y las moradas del Egipto faraónico, la antigua Grecia, el imperio romano o las culturas prehispánicas; hasta las actuales residencias minimalistas o prefabricadas; en apartamentos o casas; de ladrillo, madera o concreto; siempre, infaliblemente, los habitantes han tenido que invertir tiempo, mente e ilusiones, en arreglar el espacio que habitan. Y todo con un objetivo central que es, finalmente, la tarea del interiorista: configurar nuestro espacio inmediato para que la gente viva mejor.



Con esto en mente, en la firma MARIANGEL COGHLAN, nos consideramos parte del enramado mundial de conexiones económicas, culturales y sociales de las que somos coparticipes: todos somos afectados por las decisiones y acciones de seres humanos en latitudes muy distantes; cuentan que el viento producido por el aleteo de una libélula en el Caribe puede acabar como un tsunami en Asia. De ahí surge nuestro estilo fusión+México, que es el resultado de la reflexión sobre la interdependencia internacional de tendencias del interiorismo a la luz de las maravillosas formas, colores y recursos naturales que, muy particularmente, ofrece México. 


Es de México que surge mi inspiración para diseñar. Me inspiran sus volcanes, sus fumarolas y sus cordilleras; sus costas, el caribe y sus aguas límpidas; su flora y fauna, desde los abetos y encinos de sus bosques, hasta el agave del tequila y el mezcal y la infinita variedad de cactáceas, las ballenas del mar de Cortés y los colibríes de Morelos; me inspira su comida, el mole, los chiles en nogada y la flor de calabaza; sus colores, los rosas y rojos de los hermosos huipiles y los bordados tehuanos, el morado de sus bugambilias y la policromía de sus artesanías; sus artistas plásticos, los grandes muralistas y los pintores de Oaxaca; la música de la Huasteca, los mariachis y las obras sinfónicas; su arquitectura, comenzando con las imponentes pirámides Teotihuacanas, la inigualable Tenochtitlán, el barroco y churrigueresco de la Colonia, y las internacionalmente reconocidas propuestas de sus arquitectos contemporáneos; todas sus tradiciones y más de 60 lenguas autóctonas me inspiran porque muestran la configuración multicultural de este país, sustentado por mi más grande inspiración: la personas que conforman a México.

Los espacios que soñamos, los espacios que creamos en nuestra firma de interiorismo, son fruto de esta exaltada inspiración, de esta desbordada pasión de vivir en México.


A lo largo de los años he podido visitar muchos países del continente americano y del viejo mundo. Ha sido muy ilustrativo aprender que la estética, el arte y el diseño, surgidos de la mezcla de nuestras raíces indígenas con lo adquirido de Europa, formaron el crisol donde diversas culturas —las indígenas son muchas, y en la española se reflejan otras tantas—, formaron una nueva nación, una nueva cultura: México.  


Busco inspiración en nuestro país para hacer propuestas novedosas, distintas y originales. Es por eso que hablo de “reinventar espacios”, pues trabajamos con la convicción de que esto es posible, de que se puede tener el sueño de cambiar y renovar nuestro hogar. Poniendo manos a la obra y contando con la asesoría adecuada, este sueño es alcanzable. Una de las más grandes emociones es comprobar que hemos sido capaces de sorprender a nuestros clientes y exceder sus expectativas.


Para lograr estas metas, he buscado rodearme de personas talentosas y creativas, formando un extraordinario equipo de trabajo; son los mejores, de no ser así no formarían parte de la firma. Sé que los retos que nos hemos planteado son altos y las expectativas enormes, por eso trabajamos día a día con ilusión y pasión, poniendo nuestro máximo esfuerzo por alcanzar nuestros objetivos. Cada integrante de nuestro equipo aporta desde su experiencia; aprendemos de todos, compartimos nuestra pasión por el diseño y hacemos posible, en conjunto, materializar los sueños. 


En la firma MARIANGEL COGHLAN, partiendo de nuestra plataforma de inspiración, de nuestras capacidades técnicas, de nuestra experiencia y, sobre todo, de nuestros valiosísimos recursos humanos, aportar para cumplir el objetivo del interiorismo que es, finalmente, colaborar en la configuración de un mundo mejor. 


 ¡Hasta la próxima! 






Mariangel Coghlan


martes, 10 de septiembre de 2013

El trabajo de una entrega


Todo trabajo digno es camino que perfecciona a los seres humanos. 

12 matices por Mariangel Coghlan


El trabajo nos enaltece y fortalece el medio social, cultural y económico; el trabajo engrandece familias y levanta naciones. Con el trabajo de nuestras manos y nuestras mentes se concretan nuestras ilusiones más deseadas. Pero, para que el trabajo forje todos estos beneficios, debe implicar el cuidado de los detalles, el gusto por realizarlo y, sobre todo, debe concretarse en una obra bien terminada. 



Una de las partes más emocionantes de mi trabajo como interiorista es la de entregar un proyecto terminado. El momento en el que los dueños de una casa entran y la ven concluida; es una de las sensaciones más excitantes y emocionantes que vivimos en todo el proceso. Es, por mucho, la mayor satisfacción de haber realizado un trabajo bien hecho. 



Hace poco más de tres meses fui a una cita para conocer una casa que estaban remodelando; me encontré con el dueño y con el ingeniero que llevaba la obra. Desde que conocí los espacios me entusiasmé de trabajar en ese proyecto. Recorriendo el sitio comencé a imaginar  todo lo que se podría hacer en cada lugar y, afortunadamente, percibí que la pasión que yo siento por el diseño era comprendida y compartida por el dueño, lo que permite que el trabajo de interiorismo se convierta en un verdadero placer.



Después de recorrer el espacio personalmente, y conocer las necesidades y los gustos de los habitantes, estudio minuciosamente los planos y dialogo a fondo con mi equipo de diseño para llegar a la mejor propuesta en cada espacio de la casa. Gracias a este  excelente equipo detrabajo con el que cuento, es que puedo cumplir cabalmente y llegar tan lejos con mi trabajo. Este proyecto en concreto lo realicé de la mano de Sandra, diseñadora joven y entusiasta, que siempre se esfuerza para hacer algo nuevo, original y funcional, y con quien he realizado muchos de mis trabajos más sobresalientes.



Una vez que tuvimos el proyecto resuelto, citamos a los dueños en nuestra firma para presentarles la propuesta. Llego toda la familia: los papas y los hijos, quienes, a pesar de ser pequeños, opinaron y estuvieron muy pendientes, principalmente en todo lo referente a sus recamaras. Fue un encuentro muy cordial y amigable, en el que conocimos más a esta joven y encantadora familia.



Uno de las decisiones más importantes fue la de comprometernos a entregar en la fecha solicitada, lo que implicaría muchas horas extras de trabajo. Nunca olvidaré el día del compromiso de la entrega, pues era exactamente el día de mi aniversario de bodas.



El tamaño de esta casa en particular, que implicaba muchas decisiones y detalles, requirió que tuviéramos varias reuniones. La etapa en la que se van definiendo los espacios es un proceso en el que vamos conociendo más a la familia; nos enteramos de cómo viven, de sus costumbres, sus gustos, sus necesidades y, sobre todo, de sus sueños. Para mí es un privilegio y un honor que me tengan la confianza de conocer y participar en la intimidad familiar para poderles ayudar a elegir lo que más se acerca a sus aspiraciones.



Desde el día que visité esta obra percibí que, la puerta que comunicaba de la recámara principal al baño estaba mal ubicada. En el momento de recorrer la casa con el dueño y con el ingeniero no comenté nada hasta que lo estudié cuidadosamente en los planos y tuve la seguridad de que hacer la modificación mejoraría la percepción del espacio. No me arrepiento de esta sugerencia pues estoy convencida de que la recamara mejoró considerablemente al cambiar la ubicación, a pesar del costo y retraso en tiempo que implicó.


A la mitad del proyecto los clientes me escribieron lo siguiente: “Muchas gracias por inyectarle tanta imaginación, buena vibra, experiencia y emoción a nuestro proyecto. Sabemos que estamos con la mejor firma y con las mejores artistas del diseño, tenemos absoluta certeza de que con su ayuda la casa quedará espectacular”. 


Estas palabras, además de alentarme y emocionarme, aumentaron aún más mi nivel de compromiso, y hasta cierto punto me causaron un poco de nervios, pues siempre mi objetivo es superar las expectativas y cuando son tan altas el reto es mucho mayor.



Conforme se fue acercando la fecha de entrega, repasamos una y otra vez la lista de todo para comprobar que estuviéramos bien preparados para entregar en tiempo y con calidad. Siempre que llega el día del montaje, los clientes, mi equipo y yo, disfrutamos enormemente, pues es cuando vemos todo el proyecto hecho realidad. Generalmente la expectativa es mucha y, aunque cada detalle está planeado, siempre interviene algo de improvisación que hace el proceso sea más divertido.



Finalmente, llego el día tan esperado para realizar la entrega. Después de empujar al máximo el término de la producción y tener todo lo necesario a la mano, ¡nos llevamos la desilusión de que la casa no estaba lista! En un principio estas situaciones siempre producen frustración, pero nuestro compromiso es ofrecer una experiencia placentera para la familia y apoyarlos durante todo el proceso, así que: “Al mal tiempo, buena cara."




Programamos otra fecha, preparamos y organizamos nuevamente todo, y después de haber descargado dos camiones con mobiliario siete días más tarde, tristemente comprobamos que las casa, por segunda ocasión, ¡no estaba terminada! Por lo que el tercer camión ya no lo enviamos. Dejamos el mobiliario y accesorios en un solo espacio y sellamos todos los empaques para que no se les metiera polvo, pero los trabajos para que terminaran la casa requirieron que, una semana más tarde, tomara la decisión de recoger todo lo que habíamos llevado y lo enviamos a una bodega.



Tengo que reconocer que en todo este desgastante proceso de posponer la fecha de entrega el dueño de la casa fue verdaderamente ejemplar: nunca perdió la compostura, ni la paciencia, ni los buenos modos; se portó como un caballero en todo momento con el personal de mi firma y con los trabajadores de la obra. Nuestra encomienda era clara: cumplir con el compromiso y a pesar de que el retraso en la entrega no tenía nada que ver con nosotros tuvimos que reorganizarnos una vez más.




A pesar de que sabíamos que todavía habría gente trabajando en la casa, casi un mes después de lo planeado, acordamos entregar y hacer el montaje así, realizarlo simultáneamente con trabajadores es complicado y nos implica más tiempo, pero decidimos arriesgarnos y llevarlo a cabo. A mí me gusta pedir dos días para preparar la entrega y entonces hacer un recorrido con los clientes cuando la casa ya está lista para ser usada. Sin embargo, en esta ocasión, por tantos retrasos —ajenos a nuestro control—, ofrecí tener la casa terminada en un día.



Por supuesto que al día siguiente por la tarde a unas pocas horas de vernos con los dueños la casa estaba lejos de estar presentable. Cuando vi llegar al dueño, la casa estaba llena de cajas, desordenada y a medio montaje, casi me da un infarto; le pedí que nos diera un par de horas más. Corrimos lo más que pudimos para estar listos y, casi a las once de la noche, volvió con su esposa y sus hijos para ver su casa terminada.



Ésta es la mejor parte del trabajo, la que vale todos los desvelos, dolores de cabeza y angustias; no tiene precio la emoción de ver a una familia entrando a su nuevo hogar con toda la ilusión de encontrar algo que logre sorprenderlos y descubrir que lo hemos conseguido es la máxima satisfacción. La cara de emoción en sus rostros, las miradas cómplices entre ellos, los gritos de felicidad y asombro de los niños,  la sensación de alegría en el ambiente, hacen del encuentro una mágica e inolvidable experiencia.



Todo esto no es más que fruto de mucho trabajo, como los son todos los pequeños detalles que conforman cada día, como son las grandes obras que determinan la historia de la humanidad. Así es: el trabajo, desde el más sencillo o aparentemente humilde, hasta el más visible o trascendente, cuando se hace con cariño, dedicación y mucho esfuerzo, siempre reditúa en el bienestar de todas las personas implicadas y del contexto que nos rodea.



El trabajo es el medio por el cual todos los seres humanos tenemos la posibilidad de reinventarnos y de aportar a nuestro entorno, a nuestra comunidad; es nuestra manera de ofrecer al prójimo lo que sabemos hacer y queremos compartir, de tal manera que, por medio de nuestro trabajo, podemos colaborar en la conformación de un mundo más justo, libre y feliz. Con nuestro trabajo somos, de alguna manera, constructores de un mundo mejor.



¡Hasta la próxima! 

viernes, 26 de julio de 2013

Espacios Musicales

La música es un arte temporal, ocurre en un lugar y momento preciso, y sólo permanece en nuestra memoria, pero requiere de un espacio que permanezca en el tiempo más allá de la interpretación instrumental o vocal.


Piano House en Huainan City, China


Aunque la música y la arquitectura pertenecen a un grupo de creaciones humanas que llamamos bellas artes, es difícil señalar qué es lo que en esencia comparten para pertenecer a un mismo ámbito del esfuerzo intellectual de los hombres y las mujeres. Sin embargo, es fácil notar, sobre todo en un concierto en vivo, que la interdependencia de estas dos actividades artísticas —arquitectura y música— es ineludible.

Arquitectura y música

El espacio donde la música se interpreta tiene una influencia en el escucha que va más allá de las características sonoras del lugar. Las particularidades o belleza de una sala de conciertos aportan al disfrute del concierto de tal manera que, a lo largo de la historia, algunos de los más grandes arquitectos han dedicado sus mayores esfuerzos a la proyección de salas de conciertos que han llegado a ser iconos en los paisajes visuales que identifican a algunas de las ciudades más importantes del mundo.




 
 
Pensemos, por ejemplo, en la Ópera de Sídney, el Lincoln Center en Nueva York, la Ópera Garnier de París, y el Teatro Colón de Buenos Aires; es difícil imaginarse muchas ciudades sin estos espacios emblemáticos. En la Ciudad de México, inequívocamente, tenemos al hermoso Palacio de Bellas Artes.




El proyecto original del Palacio de Bellas Artes, que en sus inicios recibió el nombre de Teatro Nacional, fue realizado por el arquitecto italiano Adamo Boari (1863-1928) en 1904. La construcción inició en 1905 y, por distintos problemas técnicos y por la revolución, la obra fue interrumpida durante muchos años. En 1932 la obra fue reasignada al arquitecto Ignacio Mariscal, y a Alberto J. Pani como encargado de la ingeniería.

 
Con este nuevo equipo de trabajo el proyecto sufrió diversas transformaciones, principalmente en los interiores, como se puede notar en el acento art decó que estaba ausente en el plan original. La obra fue finalmente inaugurada en el año de 1934.



Art Decó interior Palacio de Bellas Artes

Art Decó interior Palacio de Bellas Artes

Importantes artistas plásticos fueron contratados en la primera etapa de la construcción: Antonio Boni estuvo encargado de los desnudos de las fachadas laterales, Leonardo Bistolfi de los ornamentos en el frente, y el conjunto de la cópula la realizó Geza Maroti.

 
Esculturas Palacio de Bellas Artes

 
Esculturas Palacio de Bellas Artes

Esculturas Palacio de Bellas Artes

El espectacular telón del escenario, con un peso de 22 toneladas, está compuesto por un millón de cristales y fue armando, sobre un diseño de Gerardo Murillo —Doctor Átl—, por la firma Tiffany de Nueva York.  




Cortina de cristal Palacio de Bellas Artes


Detalle de cortina de cristal Palacio de Bellas Artes
De 2008 a 2010 se llevó a cabo una importante renovación de este recinto artístico en la que se intervinieron plataformas, tramoya, escenario, foso, iluminación, acústica, cabinas y butaquería. Si bien no faltó una ácida crítica por parte del gremio de arquitectos y artistas de toda índole, puesto que consideraron que algunas trasformaciones no correspondían a los proyectos originales del Palacio, pienso que haber distanciado las filas de butacas y haber cambiado la concha acústica del escenario fueron unas decisiones muy acertadas, puesto que contribuyeron a la comodidad del espectador y a la mejora de la acústica que, en un pasado, era muy deficiente sobre todo en la sección de Luneta (planta baja).  

Panorámica Palacio de Bellas Artes

Desde su inauguración el Palacio de Bellas Artes fue sede de la Orquesta Sinfónica Nacional; orquesta que fue inaugurada por Carlos Chávez en 1928 con el nombre de Orquesta Sinfónica de México. Algunos de los solistas más destacados que han tocado acompañados por este orquesta representativa de México, son Yo-yo Ma, Rostropovich, Jessye Norman, Federica von Stade, Francisco Araiza y Plácido Domingo, entre muchos otros de los grandes artistas del siglo XX y XXI. La dirección actual de la Orquesta Sinfónica Nacional está a cargo de Carlos Miguel Prieto, uno de los directores mexicanos más sobresalientes de los tiempos actuales.


Es importante recordar que el Palacio de Bellas Artes ofrece mucha más que su sala principal de conciertos. Dentro de este emblemático recinto de la cultura mexicana también se encuentra la Sala Manuel M. Ponce; el Museo del Palacio de Bellas Artes; el Museo Nacional de Arquitectura; una galería con murales de algunos de los más importantes artistas plásticos de México, tales como David Alfaro Siqueiros, Diego Rivera, y Rufino Tamayo; además de un exquisito restaurante, librería y tiendas de recuerdos y objetos artísticos. 

El hombre en el cruce de caminios por Diego Rivera

El hombre en el cruce de caminios por Diego Rivera
Cuando sales del Palacio te cruzas con todo tipo de expresiones artísticas, populares y culinarias que hablan de la multiplicidad cultural y tradicional de México. Por ejemplo, puedes encontrarte cómicos y merolicos, el vendedor de globos, el organillero, o el bolero que suple el rechinar del trapo con un chiflido. No dejes de visitar algunos de los restaurantes de prominente tradición aledaños a Bellas Artes, como el Café Tacuba; el Bar la Ópera —con su famoso balazo de Villa en el techo—; la Casa de los Azulejos, que alberga un Sanborns cuyas escaleras están rematadas por un mural de José Clemente Orozco; y los deliciosos Churros el Moro que, desde 1935, son líderes de la “churrería” mexicana.


Bar la Ópera
Balazo de Villa en Bar la Ópera

Café Tacuba
A unos pasos del Palacio no pierdas la oportunidad de caminar el corredor peatonal de la calle Francisco I. Madero; visitar el Palacio de Correos, inaugurado en 1907, una belleza ecléctica arquitectónica que muestra ejemplos sobresalientes del plateresco, rococó, gótico, morisco, neoclásico, barroco y art decó; y, por supuesto, la recién remodelada Alameda, donde puedes ser testigo de una jugada profesional de ajedrez, un concierto de banda de alientos y observar una pléyade de Reyes Magos durante el tiempo de epifanía que hacen cuestionarse al niño más ingenuo: “¿No eran sólo tres los Reyes Magos?” A unas pocas cuadras, los mariachis de Garibaldi.



Palacio de Correos

Alameda Central
Alameda Central

Párate en la puerta principal del Palacio de Bellas Artes, observa fijamente el entorno que te rodea y, sin dejar en pensar en el impactante legado artístico a tus espaldas, escucha el sonido de la ciudad, los sonidos de la historia, de los sueños, de la nostalgia, de la esperanza de todo transeúnte; entonces experimentarás en carne propia, junto con Guadalupe Trigo, la esencia de esta inigualable urbe:




Palacio de Bellas Artes


“Mi ciudad es chinampa en un lago escondido,
es cenzontle que busca en dónde hacer nido, rehilete que engaña la vista al girar… Mi ciudad es la cuna de un niño dormido, es un bosque de espejos que cuida un castillo, 
monumentos de gloria que velan su andar... Es un sol con penacho y sarape veteado,
que en las noches se viste de charro,
y se pone a cantarle al amor.”

Mi ciudad es chinampa...

¡Hasta la próxima!